La nueva adicción es inhalar chocolate

“Quería estar a la altura y no defraudar. Así que ideé un chocolate para aspirar.”

Ramón Valentín Rivera
Ramón Valentín Rivera
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Brujas, ciudad belga, se ha constituido por derecho propio en lugar de peregrinación para los amantes del oro negro. Sus más de cuarenta chocolaterías la convierten en la capital del chocolate. Dominique Persoone, según sus colegas, el Ferrán Adriá en este campo, revolucionó y reinventó el chocolate convirtiéndolo en objeto de culto, y a su tienda The Chocolate Line en el templo de referencia.

Orgulloso de una de sus más famosas creaciones, la máquina de inhalar chocolate, nos cuenta: “Tuve el honor de ser invitado a preparar el postre en una fiesta de los Rolling Stones. Quería estar a la altura y no defraudar. Así que ideé un chocolate para aspirar. Una mezcla con menta y jengibre que abre las vías respiratorias y así el chocolate va directamente al cerebro”.

Persoone no solo combina con éxito sabores que parecían imposibles, si no que el resultado es asombroso. La imaginación no alcanza siquiera a adivinar lo sutil y refinado de la suma de ingredientes en principio tan contrapuestos como el chocolate con aceitunas negras o guacamole, wasabi, cola... y así muchos más. El conjunto es único, suave y delicado, apenas perceptible, pero con un toque final donde los sentidos encuentran el regusto inconfundible de esos ingredientes que pretenden provocar y logran admiración.

El maestro define su secreto como: “La elección de materia prima de la mejor calidad, el mejor chocolate y del mejor origen, pero luego considero esencial, mantener la mente muy abierta, para lograr un equilibrio perfecto entre el chocolate y los sabores y aromas que deben ser los protagonistas, un equilibrio entre la potencia de un buen chocolate y la delicadeza del sabor y aroma del resto de ingredientes".

De sabores más clásicos pero también elaborados artesanalmente, destaca la chocolatería de la familia Dumon, que cuenta con una pequeña tienda a espaldas de la plaza Market. Aquí hacen sin duda uno de los mejores chocolates y pralinés de la ciudad. Madre e hija se prodigan explicando una y otra vez a todos y cada uno de los que entran en su tienda, los secretos de cada chocolate y su elaboración, lo explican con tal pasión y alegría contagiosa que antes de que acaben uno está deseando probarlos todos.

Fuente: vanitatis.com

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